● Aunque el modelo híbrido y virtual presenta desafíos, también ofrece una
gran oportunidad para repensar la evaluación educativa y crear
experiencias más conscientes, dinámicas y adaptadas a las necesidades de
los estudiantes.
La pandemia de la Covid-19 aceleró el proceso de digitalización en el sistema
educativo, lo que implicó un cambio significativo tanto en la enseñanza como en la
evaluación. Sin embargo, estos cambios también trajeron consigo nuevos desafíos
para los docentes, quienes tuvieron que adaptarse rápidamente a plataformas
digitales y nuevas modalidades de enseñanza y evaluación.
Al respecto, la Dra. Guadalupe Ruiz Cuéllar, profesora investigadora del
Departamento de Educación del Centro de Ciencias Sociales y Humanidades de la
Universidad Autónoma de Aguascalientes, señaló que “stamos muy
acostumbrados al modelo educativo presencial” y que “no solo fue un desafío para
la evaluación, sino para trasladar toda la experiencia educativa a un formato
completamente diferente, que en ese momento fue solo a distancia”. Lo anterior,
generó mucha incertidumbre entre los docentes: ¿Cómo iba a ser posible enseñar
y evaluar si no tenían a los alumnos físicamente frente a ellos?, reflexionó.
La académica comentó que, si bien la educación en línea y los modelos híbridos
ya se venían utilizando antes de la pandemia, la crisis sanitaria demostró que
estas modalidades no eran una opción de segunda categoría frente a la educación
presencial, pues lo que antes veíamos como algo alternativo, hoy podemos
comprobar que puede ser tan válido y efectivo como la educación presencial.
Según la Dra. Ruiz Cuéllar, las experiencias híbridas y virtuales requieren una
planificación mucho más rigurosa y consciente. “En la modalidad presencial, el
docente puede tomar decisiones sobre la marcha: cambiar una actividad, poner un
video o invitar a alguien a hablar de un tema. Pero en la modalidad en línea, todo
tiene que estar diseñado desde el principio”, explica. La Dra. Ruiz Cuéllar destacó
que esta modalidad obliga a los docentes a ser mucho más reflexivos sobre tres
preguntas clave del ciclo de la evaluación formativa: ¿A dónde quiero llegar?
¿Dónde estamos? ¿Qué tengo que hacer para cerrar las brechas entre ambos
puntos?.
Por otra parte, la académica declaró que las plataformas digitales juegan un papel
clave en este proceso, ya que permiten gestionar las intervenciones de los
estudiantes y ofrecer una variedad de recursos y actividades que facilitan un
aprendizaje activo.
Sin embargo, reconoció que los mayores desafíos surgen en las disciplinas más
prácticas, donde la evaluación del desempeño es esencial. Aunque la tecnología y
los simuladores, como los utilizados en medicina, ayudan a superar algunas
limitaciones, todavía existen campos donde estos desafíos son mayores.
Por último, la doctora subrayó que el reto es pensar en una batería de
herramientas de evaluación más variada, que no se limite sólo al resultado final,
sino que apueste por entender el proceso de aprendizaje de los estudiantes. Esto
implica una evaluación más flexible y orientada a identificar los obstáculos y
avances a lo largo del proceso de aprendizaje, en lugar de simplemente calificar.

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