El OVNI que cayó en Puebla: el misterio que hace casi 50 años nos hace mirar al cielo

Columna HNM
Columna HNM


29 de julio de 1977. Eran las primeras horas de la mañana cuando un objeto brillante en llamas cruzó el cielo mexicano, dejando a miles de personas con la mirada fija arriba.

Pasó sobre la Ciudad de México, recorrió el estado de Puebla y siguió su rumbo hacia Veracruz, hasta desintegrarse en su trayecto.

Para muchos, aquello no era un simple fenómeno natural: era una nave que venía de más allá de nuestro mundo.

Lo que vieron y registraron:

Los reportes se extendieron rápido: en zonas como El Mirador, Jopala y Bienvenido, en la sierra norte de Puebla, varios pobladores aseguraron haber visto no solo uno, sino dos objetos voladores no identificados que se dirigían hacia el noroeste. Algunos dijeron que parecían una gran estela de luz, como una bengala gigante.

Una de las pruebas más citadas de aquella época viene del cineasta Abel Salazar, quien en ese momento filmaba la película Picardía Mexicana. Al ser avisado de lo que ocurría en el cielo, ordenó grabar el suceso. Para algunos expertos pudo tratarse de un cometa o un cuerpo celeste que entraba en combustión al tocar la atmósfera; pero para la gente y para los amantes del misterio, la certeza era otra: era una nave extraterrestre.

Al cruzar el territorio, si el objeto se deshizo en línea recta, algunos de sus restos podrían haber caído en el mar, cerca de la desembocadura del río Cazones, en Veracruz.

El misterio y su explicación años después:

El revuelo fue tan enorme en aquel tiempo que recordaba lo ocurrido en el caso Roswell, ocurrido 30 años antes en Nuevo México, donde se habló de naves y seres de otro mundo que se habían estrellado, donde después lo ocultaron inventando la historia que se trató de globos aerostáticos.

Pero décadas después revelaron que lo que cayó en la sierra de Puebla no había sido una nave extraterrestre.

Según se dijo como se ha ocultado siempre que lo ocurrido se había tratado de fragmentos del satélite soviético Cosmos 929, lanzado apenas dos días antes, el 27 de julio de 1977, que perdió control y que reingresó a la atmósfera terrestre.

Lo que el misterio nos dejó:

Más allá de la explicación técnica o del ocultamiento, este suceso cambió la mirada de muchos mexicanos. Fue el comienzo de una gran cultura de interés por los fenómenos aéreos y la posibilidad para los que vivieron ese tiempo de que no estamos solos en el universo. Incluso hoy en día se recuerda ese suceso en lugares como Atlixco, donde los avistamientos son parte de la tradición local y hasta hay un tanque de agua con forma de OVNI que se ha convertido en emblema turístico.

Con los años, el tema ha ganado credibilidad oficial: en abril de 2020, el Pentágono de los Estados Unidos publicó por primera vez donde saco a la luz pública videos que confirman la existencia de objetos voladores no identificados, reconociendo que hay sucesos que aún no logramos explicar, recientemente con la película de “El día de la revelación” nos ha dejado en claro que el fenómeno existe y de que no estamos solos y nunca lo hemos estado.

A casi 50 años después de lo ocurrido en el famoso caso de Puebla, este sigue vivo y nos recuerda que como es arriba en nuestros cielos es abajo en nuestros mares, ambos guardan secretos milenarios que aún desconocemos.

Fuentes consultadas:

– Archivos de avistamientos de fenómenos aéreos, julio de 1977, Dirección General de Aeronáutica Civil de México.

– Testimonio y material filmado por Abel Salazar durante la producción de Picardía Mexicana.

– Informe oficial del Pentágono sobre fenómenos aéreos no identificados, abril de 2020.

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