Tiránico papel de vigilancia en la Dirección de Mercados del MuniAgs.

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sDe acuerdo al seguimiento puntual de observancia ciudadana y periodística de El Látigo, sobre el papel que desempeñan algunos funcionarios públicos municipales adscritos a la Dirección de Mercados del Municipio capital, primordialmente en el centro citadino, se deducen anomalías y atropellos en el deber de su cumplimiento, pues las decisiones con criterio parcial y ventajoso, afecta a las minorías de algunos individuos vendedores, al usar la rapaz acción de decomiso y robo de mercancías, tal es el caso de lo suscitado en la Plaza de Armas y su periferia, lugar donde sin argumentación jurídica oficial, les despojaron a un grupo de comerciantes foráneos del Estado de Hidalgo, de tres carretillas y en promedio dos cubetas, éstas tiradas a la basura, de arándanos frescos que ofertaban con explicaciones de las propiedades en abono a la salud.

Lo anterior, da pie a señalar que bajo ningún argumento ni procedimiento oficial, es decir, esta voraz actitud de los “dizque” verificadores e inspectores, no se sujeta a la normatividad establecida de hacerles alguna infracción para remediar la falta y en su caso, acreditar la devolución de su mercancía.

Indudablemente este arbitrario acto, se subleva a la provocación hasta de violencia, pues según la voz de una de las Señoras involucradas, los define como prepotentes, arbitrarios, soberbios, arrogantes, rateros servidores públicos, ya que, nunca les entregaron algún documento de decomiso o infracción, para reparar la falla y buscar el camino adecuado de ganarse unos pesos de manera honrada vendiendo este generoso producto.

En la plática con El Látigo, manifestaron su inconformidad y reflexión de que en la situación que les ocupa, bien podrían hasta denunciarlos de robo, pues la forma no es otra, que despojo sin testimonio documental, más que solamente la percepción de varios de los transeúntes ciudadanos, a quienes hasta se les incomoda con esta manera de actuar, al ser ellos, posibles clientes.

De manera puntual hacen extensiva la invitación a sus superiores de estos funcionarios, a que reivindiquen sus funciones de manera profesional y con educación, por lo menos, pues culminan varias voces de la ciudadanía con el dicho de “más vale un comerciante, que un delincuente”.

Por Osharu

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